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Mostrando entradas de mayo 8, 2011

Las gélidas llamas y el calor del hielo

S on las seis de la mañana con quince minutos… Seis de de la mañana con quince minutos. El interludio concluyo, la aurora se asomó por el marco de cedro; algunas aves trinaban a lo lejos cantándole al ojo rojizo que se asomaba de entre la montaña. Aquella era una gélida mañana. Despabilados se incorporaron de su lecho los amantes, soslayando todo al derredor; sólo ellos y nadie más habitaban el hogar en el que alguna vez yacieron cuatro; aquellos dos se encuentran ya a lo lejos, habitando en la cercana lejanía del recuerdo. Se vislumbraban uno al otro, y al hacerlo, veían en las ventanas de su cónyuge los años trazados: venturas, desventuras, aventuras, en fin… toda una vida. El despertador había anunciado la rutina. Aquel hombre bajó las escaleras que parecían galerías de arte surrealista, fetichista tal vez; invadida de fotos de los hijos, los nietos, hermanos, familia, del mismo modo que instantes antes lo había hecho ella, cruzando la salita llena de muebles rústicos t...