D espertó. Abrió los ojos y vio la noche. Sintió frío, y supo que estaba vivo. Unas cuerdas desgastadas le ceñían pies y manos y las rompió con los dientes. Se incorporó. Toco un muro. Intentó recordar. Trató de hablar… y al no poder soltó un lamento de bestia herida. El tiempo pasaba y Valiant estaba cada vez más alterado. Retomó fuerza como quien se aferra a la vida. Recorrió las paredes cojeando. Palpó en una esquina un mueblecillo áspero, y en él un candelabro del cual emanaban arroyos sólidos. Sintió una puerta y ésta se abrió fácilmente. Absolutamente nada en derredor lo acompañaba. El camino le era infinitamente desconocido y la luz de la luna era custodiada por las negras nubes que rugían en aquel cielo infernal. Se dispuso a partir. La lluvia gélida y el viento susurrante al unísono de lobos que dejaban ver sus profundas miradas en la oscuridad, produciendo parálisis al alma. No recordaba cómo ni por qué se encontraba ahí. Un dolor en el semblante y un sabor a ...
Escritos de Diego Aguilar