Hace ya quince nostalgias que el alfil no se ha movido, ya el caballo tambalea y su ele ha perdido, no ha encontrado más camino. Unas huestes testarudas avanzan de cuadro en cuadra. Las torres se han derrumbado. Un aroma muy helado transita y cual perro ladra. El rey no es más que una risa, encarnada, violenta, abscisa y se apean los peones flipados por tanta prisa. Es la risa, la que trastoca al tablero, quemándolo luego luego dirigiéndolo a la coz. Moribundo, jefe de un ejercito iracundo, lamenta el tiempo sin rumbo de ese corazón sin reina.
Escritos de Diego Aguilar