¿Por qué no terminas de nacer? ¿Por qué te expandes sin estallar aún? Por qué no me consumes de una vez por todas. Te has llevado mis ojos, no me queda palabra. Te has llevado mis manos, dónde queda mi voz. Escucho los acordes de las caricias niñas que compusimos; Me persigue tu retrato altivo, y dice ser tú, y calla como tú. Tu olor de hembra ciega mis brazos y me asfixia. Me ensordecen los latidos de tu pecho que se multiplica por dos en mis sentidos, anulándome. Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, pero tú eres laguna al mediodía: hiriente, horrendamente quieta, terriblemente bella. La sonrisa salvaje con que impactas mi rostro es sangre que se escurre y es delirio. Cuántas vidas me quedan de andar por los tejados, de onirismos pluviales donde llueve tu cuerpo. Cuántos fonemas más para gritar ¡ol o! Se parte en dos la historia y se derrumba, para caer precisamente junta al fondo del abismo. Estrella agonizante, tú que has muerto, ¿a dónde ll...
Escritos de Diego Aguilar