—Buenas tardes. — ¡Cómo ha estado, qué milagro; cómo han estado todos por allá! Bienvenida, tía. Pase, pase. — Bien, hija, ay vamos. Pues tu tía me trajo, ya no pensaba venir por estos lados, a mi edad ya me es difícil viajar, ya está uno vieja. Pero encantada de andar paseando y pues aquí andamos, visitando a la familia. Acabamos de pasar a casa de tu tío Bruno, que es al que más he visto, y a Herman que llegó también a la casa el año pasado, ya sabes que con lo del niño pues nos decaímos bastante, pero gracias a Dios ay vamos, pasándola. — Si pues, tía. Nosotros quisimos ir a visitarlos, pero ya no pudimos, ya sabe, con los compromisos, la cosecha, los patojos. Pues ya nos es muy difícil. — Sí, los entiendo, no te preocupes. — ¿Y mi tía dónde anda? — Se fue con sus primos, ya sabes cómo es, la invitaron a comer y sigue visitando, yo quise pasar a saludar de una vez. ¿Y tu papá, cómo ha estado? — Ya no tardará en llegar, salió a darle de comer a las ovejas. ¡Mire, ahí viene pues! —¡...
Escritos de Diego Aguilar