—Buenas
tardes. — ¡Cómo ha estado, qué milagro; cómo han estado todos por allá! Bienvenida,
tía. Pase, pase. — Bien, hija, ay vamos. Pues tu tía me trajo, ya no pensaba
venir por estos lados, a mi edad ya me es difícil viajar, ya está uno vieja. Pero
encantada de andar paseando y pues aquí andamos, visitando a la familia. Acabamos
de pasar a casa de tu tío Bruno, que es al que más he visto, y a Herman que
llegó también a la casa el año pasado, ya sabes que con lo del niño pues nos
decaímos bastante, pero gracias a Dios ay vamos, pasándola. — Si pues, tía. Nosotros
quisimos ir a visitarlos, pero ya no pudimos, ya sabe, con los compromisos, la
cosecha, los patojos. Pues ya nos es muy difícil. — Sí, los entiendo, no te
preocupes. — ¿Y mi tía dónde anda? — Se fue con sus primos, ya sabes cómo es,
la invitaron a comer y sigue visitando, yo quise pasar a saludar de una vez. ¿Y
tu papá, cómo ha estado? — Ya no tardará en llegar, salió a darle de comer a
las ovejas. ¡Mire, ahí viene pues! —¡Alicia, qué gusto verte! Acabo de regresar
de tu tierra la semana pasada. Fui a trabajar por allá. Anduve en Unión Juárez
precisamente; nos fuimos varios de acá, nos fuimos por Sibinal, bajamos por Talquian.
Había bastante cosecha ¡chulo el café! Estuve una semana en Unión, luego jalé
pa´ Santo Domingo, fui a saludar a don Nandito. Estuve ahí unos 6 días
tapiscando; ya me jalaron pa´l 11 de Abril, luego a Faja de Oro. Allá
anduvimos, casi un mes. Subí a Tapachula por unas cositas, ya con mi paga, y me
regresé, igual, por la línea. Ta´muy bonito todo por allá. Muy verde, mucha
comida, mucha familia. —Qué bueno, primo. - una mirada cómplice acompaño a las
mujeres. En voz baja la hija se dirigió a la tía para contarle. — Mi papito
sólo de eso habla. Ya a veces desconoce. Tiene 92 años ya mi padre. Qué va a
estar saliendo. Ni se acuerda que ya murieron todos los tíos —¿Y Fito cómo ha
estado, Ali? ¡Ese Fito, puro relajo!
I Amanece en lo profundo de mi memoria y canta, amanece claro en tus pupilas, amanece y palpita en la carótida, en la cara de mis viejos, en la cicatriz también amaneció, sin embargo la costra se ha extinguido y las cicatrices no son más que otra historia, una ya vieja, desencarnada, precisa en el abismo de los ayeres en los que el sol no llegó. II Desperté después de haber invocado una sonrisa y la hallé en el pedestal de los augurios. Númen exquisito aquellos ojos, tengo que tributarlos con un beso¿Cómo ignorar ya los amaneceres, si en noches ulteriores te soñé? III Amenaza el día una nube pasada y un evento fortuito es este viento. Pasajera esa nube se transforma en una nube más de aquellos cielos en que crepita al sol con nuestra llama. IV Claudica la nube y llueve y llueve en el rostro del niño que juega a ser un ave o quizás un ángel Llueve en la avenida en que corriendo a prisa van las personas sobre su pueril sonrisa al llegar al siguiente arco Llueve tambi...
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