I
Amanece en lo profundo de mi memoria y canta, amanece claro en tus pupilas, amanece y palpita en la carótida, en la cara de mis viejos, en la cicatriz también amaneció, sin embargo la costra se ha extinguido y las cicatrices no son más que otra historia, una ya vieja, desencarnada, precisa en el abismo de los ayeres en los que el sol no llegó.
II
Desperté después de haber invocado una sonrisa y la hallé en el pedestal de los augurios. Númen exquisito aquellos ojos, tengo que tributarlos con un beso¿Cómo ignorar ya los amaneceres, si en noches ulteriores te soñé?
III
Amenaza el día una nube pasada y un evento fortuito es este viento. Pasajera esa nube se transforma en una nube más de aquellos cielos en que crepita al sol con nuestra llama.
IV
Claudica la nube y llueve y llueve en el rostro del niño que juega a ser un ave o quizás un ángel
Llueve en la avenida en que corriendo a prisa van las personas sobre su pueril sonrisa al llegar al siguiente arco
Llueve también sobre la tierra sobre los campos en el acto puro del encuentro del despojo y nacen esencias fortuitas
Llueve y la lluvia invoca una tonada dulce deliciosa onírica
Llueve sobre las casas sobre las calles sobre los coches llueve en la hondonada sobre las estaciones en las veladas y los velatorios llueve en los promontorios y las persianas
Llueve la madrugada entera y el cigarrillo que se mece entre mis labios es señal de que llovió
Amanece amanece amanece
Amanece en lo profundo de mi memoria y canta, amanece claro en tus pupilas, amanece y palpita en la carótida, en la cara de mis viejos, en la cicatriz también amaneció, sin embargo la costra se ha extinguido y las cicatrices no son más que otra historia, una ya vieja, desencarnada, precisa en el abismo de los ayeres en los que el sol no llegó.
II
Desperté después de haber invocado una sonrisa y la hallé en el pedestal de los augurios. Númen exquisito aquellos ojos, tengo que tributarlos con un beso¿Cómo ignorar ya los amaneceres, si en noches ulteriores te soñé?
III
Amenaza el día una nube pasada y un evento fortuito es este viento. Pasajera esa nube se transforma en una nube más de aquellos cielos en que crepita al sol con nuestra llama.
IV
Claudica la nube y llueve y llueve en el rostro del niño que juega a ser un ave o quizás un ángel
Llueve en la avenida en que corriendo a prisa van las personas sobre su pueril sonrisa al llegar al siguiente arco
Llueve también sobre la tierra sobre los campos en el acto puro del encuentro del despojo y nacen esencias fortuitas
Llueve y la lluvia invoca una tonada dulce deliciosa onírica
Llueve sobre las casas sobre las calles sobre los coches llueve en la hondonada sobre las estaciones en las veladas y los velatorios llueve en los promontorios y las persianas
Llueve la madrugada entera y el cigarrillo que se mece entre mis labios es señal de que llovió
Amanece amanece amanece
V
Canta el gallo y la patrulla
Ladra el perro y el chofer, uno recibe patadas, y el otro... También.
Prende un porro el niño calle, prende un porro el hombre traje.
Los desposeídos se entregan al amor en las banquetas, antes que despierte el cíclope, después del cíclope; los adinerados compran el amor en los casinos, en los antros, en las casonas; los abandonados se entregan a la guisa de los enamorados; los enamorados se entregan. Hedonismo es esta sangre que recorre los cuerpos, incluso el asesino es hedonista.
Henchido está el semáforo, las calles, las azoteas, las cabezas.
Vacío se encuentra un corazón ¿lo ves en el espejo, lo palpas con tus manos?
Ha abierto su único ojo el vástago renuente, trata de ver como una lupa a quién puede quemar, pero no se ha percatado de sus lagañas y su condición humana, tan pueril, tan sacra que parece quebrarse.
Bendito el payaso que llora entre risas, bendito el ladrón que ha sacado la cuenta, bendito el mendigo que lo tiene todo en la miga de pan que sostiene su palma, bendita la niña que aprendió a sonreír, que supo administrarse, la que sabe amar.
Malditos los que se ocultan a la luz de un sol igual de humano, porque de ellos es la herida infecta que supura cuervos teñidos de blanco.
¡Buenos días! Muy buenos días.
Canta el gallo y la patrulla
Ladra el perro y el chofer, uno recibe patadas, y el otro... También.
Prende un porro el niño calle, prende un porro el hombre traje.
Los desposeídos se entregan al amor en las banquetas, antes que despierte el cíclope, después del cíclope; los adinerados compran el amor en los casinos, en los antros, en las casonas; los abandonados se entregan a la guisa de los enamorados; los enamorados se entregan. Hedonismo es esta sangre que recorre los cuerpos, incluso el asesino es hedonista.
Henchido está el semáforo, las calles, las azoteas, las cabezas.
Vacío se encuentra un corazón ¿lo ves en el espejo, lo palpas con tus manos?
Ha abierto su único ojo el vástago renuente, trata de ver como una lupa a quién puede quemar, pero no se ha percatado de sus lagañas y su condición humana, tan pueril, tan sacra que parece quebrarse.
Bendito el payaso que llora entre risas, bendito el ladrón que ha sacado la cuenta, bendito el mendigo que lo tiene todo en la miga de pan que sostiene su palma, bendita la niña que aprendió a sonreír, que supo administrarse, la que sabe amar.
Malditos los que se ocultan a la luz de un sol igual de humano, porque de ellos es la herida infecta que supura cuervos teñidos de blanco.
¡Buenos días! Muy buenos días.
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