De tanto transmutar, qué importancia tenía el ser ahora un cuervo, si en vidas anteriores había sido escarabajo, serpiente, cucaracha, ratón, hasta político.
Era más de media noche y el cadáver de José no aparecía. Hacía no mucho sabían que tenía que llegar, pero el lapsus de esperanza llegó para su agotado compañero de espera; tuvo que cesar. José no llegaría. ¡Clock!, ¡clock!, ¡clock! Remataba el sonido del reloj en los oídos de Sofía, cuando de pronto la puerta crujió estrepitosamente y de la obscuridad brotó una voz que decía “¡Mamá, ya llegué!”.