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Mostrando entradas de noviembre 11, 2018

Ciudad

En este trayecto nos encontramos todos Quizás yo viajando a una velocidad de 60 kilómetros por hora atravesando la ciudad por la espina dorsal topando con costillas Pero no es más que este cuerpo que compartimos todos Saltando entre charcos de sangre Creas o no en Dios estás sumergido en este abismo del cual formas parte En el trayecto veo un auto de redilas modelo 80 bastante viejo y se cae a pedazos Nos cuenta su historia   a través de la puerta desvencijada que amotina treguas Nos cuenta su historia el chofer con la cara sangrante convertida en una sonrisa que gotea y se derrama Le hemos rebasado Un pequeño tractor pudriéndose a la deriva de un patio como la ensoñación de un arquetipo inmuto El Volkswagen que nunca pudieron pintar y resguarda en sus parches la perfección en bruto Un autolavado secándose por falta de agua La gasolinera cuyos operadores están al tanto    de las migajas Hay u...

Hay un Dios en mis entrañas

La pasividad es percepción de vacuidad en el cimiento de los días. Hay un Dios en mis entrañas. Cuando los rayos del sol queman el rostro, no existen aleluyas en el infinito ni astros en el cielo y quizás Dios se oculte también bajo mis pies. A suerte, la percepción y la paz existan sólo cuando del fuego no queden más que cenizas y de la suerte se sepa fue el relámpago. Por las cenizas no podré abogar más, pues polvo soy y al éter pertenezco. La pasividad es percepción de la vacuidad en el cimiento de los días. Hay un Dios en mis entrañas y eso no significa que la lluvia me reinvente o que el ombligo del mundo sean mis ojos. A veces los peces se convierten en pescados y es allí cuando muere la mar, una parte de ella imposible resarcir, es en éste punto en que las palabras consuelan con cierta zalamería la putrefacta herida. Qué será de mis manos cuando jale el gatillo, cuando corte la soga y respondan los gritos ya añejados, convertidos en eco. Para qué lamentarse si mi mundo...