Desde dónde se asoma pues la palabra, sino es en lo profundo, allá entre los resquicios de lo inimaginable, donde se consolidan los seres y las cosas, donde los monstruos han de reclamar su suerte. La abstracción es el precio que al existir debemos, cuando se nombra apenas, una ilusión comienza, después de haberlo dicho, la intención ha cambiado. Si tan solo la muerte en medio de su hastío recuperar pudiera los colores del fuego, otra cosa sería, otro mundo, otro sol, otro fuego. Cómo duele la vida sino en rojo, aunque a veces trastoca las nalgas del olvido y se convierte en purpura, en rosa, en blanco, en piedra. El eco de una mano también es movimiento, es causa de delirio, de risas, de lamentos. Ay, pero cuando soñamos, cuando fumamos todo hasta exhalar tormentas, una rosa perdura y el vaho de su rocío como lágrima viva se arroja al precipicio y su perfume queda en medio del silencio aguardando la hora en el lienzo fugaz ...