Es la imprecisión del sueño que me azota,
las verdades y olvidos que no encajan,
alegrías al margen de un derrumbe,
tu sonrisa en mi boca que te nombra
evocando tu voz en mi memoria.
.
Ayer lloré sin ver,
acudí a las entrañas del llanto,
repiqué los ayeres tullidos
en busca de tu encanto
y encontré sólo sed,
resequedad de horas en mi palma dormida,
tañida de tu piel,
enajenada ya del tacto iridiscente
que te hallaba en la cuna
resguardando tu ser.
Vi pasar nueve agostos
en esa venturosa alusión del no ser,
y sin embargo fuiste,
te embriagaste de dicha
y denostaste el mundo porque no lo habitabas,
siempre ocupando el límite,
acuñando el vaivén de lo imperecedero,
estrujaste la vida como se palpa un hijo,
y así naciste en cientos,
auxiliando un milagro.
Aún recuerdo tus pasos,
estribillo tu ausencia con monótona arritmia,
esperando un clamor a orillas de mi rabia,
suspirando sin más por el hijo perdido
que se llevó mis huellas con su último aliento.
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