Desde dónde se asoma pues la
palabra, sino es en lo profundo,
allá entre los resquicios de
lo inimaginable,
donde se consolidan los seres
y las cosas,
donde los monstruos han de
reclamar su suerte.
La abstracción es el precio
que al existir debemos,
cuando se nombra apenas, una
ilusión comienza,
después de haberlo dicho, la
intención ha cambiado.
Si tan solo la muerte en medio
de su hastío
recuperar pudiera los colores
del fuego,
otra cosa sería,
otro mundo, otro sol, otro
fuego.
Cómo duele la vida sino en
rojo,
aunque a veces trastoca las
nalgas del olvido
y se convierte en purpura,
en rosa, en blanco, en piedra.
El eco de una mano también es
movimiento,
es causa de delirio, de risas,
de lamentos.
Ay, pero cuando soñamos,
cuando fumamos todo hasta
exhalar tormentas,
una rosa perdura y el vaho de
su rocío
como lágrima viva se arroja al
precipicio
y su perfume queda en medio
del silencio
aguardando la hora
en el lienzo fugaz de la
palabra tiempo.
Comentarios