Canta el gallo y la patrulla
Ladra el perro y el chofer, uno recibe patadas, y el otro... También.
Prende un porro el niño calle, prende un porro el hombre traje.
Los desposeídos se entregan al amor en las banquetas, antes que despierte el cíclope, después del cíclope; los adinerados compran el amor en los casinos, en los antros, en las casonas; los abandonados se entregan a la guisa de los enamorados; los enamorados se entregan. Hedonismo es esta sangre que recorre los cuerpos, incluso el asesino es hedonista.
Henchido está el semáforo, las calles, las azoteas, las cabezas.
Vacío se encuentra un corazón ¿lo ves en el espejo, lo palpas con tus manos?
Ha abierto su único ojo el vástago renuente, trata de ver como una lupa a quién puede quemar, pero no se ha percatado de sus lagañas y su condición humana, tan pueril, tan sacra que parece quebrarse.
Bendito el payaso que llora entre risas, bendito el ladrón que ha sacado la cuenta, bendito el mendigo que lo tiene todo en la miga de pan que sostiene su palma, bendita la niña que aprendió a sonreír, que supo administrarse, la que sabe amar.
Malditos los que se ocultan a la luz de un sol igual de humano, porque de ellos es la herida infecta que supura cuervos teñidos de blanco.
¡Buenos días! Muy buenos días…
Ladra el perro y el chofer, uno recibe patadas, y el otro... También.
Prende un porro el niño calle, prende un porro el hombre traje.
Los desposeídos se entregan al amor en las banquetas, antes que despierte el cíclope, después del cíclope; los adinerados compran el amor en los casinos, en los antros, en las casonas; los abandonados se entregan a la guisa de los enamorados; los enamorados se entregan. Hedonismo es esta sangre que recorre los cuerpos, incluso el asesino es hedonista.
Henchido está el semáforo, las calles, las azoteas, las cabezas.
Vacío se encuentra un corazón ¿lo ves en el espejo, lo palpas con tus manos?
Ha abierto su único ojo el vástago renuente, trata de ver como una lupa a quién puede quemar, pero no se ha percatado de sus lagañas y su condición humana, tan pueril, tan sacra que parece quebrarse.
Bendito el payaso que llora entre risas, bendito el ladrón que ha sacado la cuenta, bendito el mendigo que lo tiene todo en la miga de pan que sostiene su palma, bendita la niña que aprendió a sonreír, que supo administrarse, la que sabe amar.
Malditos los que se ocultan a la luz de un sol igual de humano, porque de ellos es la herida infecta que supura cuervos teñidos de blanco.
¡Buenos días! Muy buenos días…
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