Hace ya quince nostalgias que el alfil no se ha movido,
ya el caballo tambalea y su ele ha perdido,
no ha encontrado más camino.
Unas huestes testarudas avanzan de cuadro en cuadra.
Las torres se han derrumbado.
Un aroma muy helado transita y cual perro ladra.
El rey no es más que una risa, encarnada, violenta, abscisa
y se apean los peones flipados por tanta prisa.
Es la risa, la que trastoca al tablero,
quemándolo luego luego
dirigiéndolo a la coz.
Moribundo, jefe de un ejercito iracundo,
lamenta el tiempo sin rumbo de ese corazón sin reina.
ya el caballo tambalea y su ele ha perdido,
no ha encontrado más camino.
Unas huestes testarudas avanzan de cuadro en cuadra.
Las torres se han derrumbado.
Un aroma muy helado transita y cual perro ladra.
El rey no es más que una risa, encarnada, violenta, abscisa
y se apean los peones flipados por tanta prisa.
Es la risa, la que trastoca al tablero,
quemándolo luego luego
dirigiéndolo a la coz.
Moribundo, jefe de un ejercito iracundo,
lamenta el tiempo sin rumbo de ese corazón sin reina.
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