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SUEÑOS INUSITADOS


SOÑÉ QUE EXISTÍA

 SOÑÉ NO TENER CUERPO

  SOÑÉ NO TENER ALMA

   SOÑÉ QUE TODO ERA UN SUEÑO

    SOÑÉ CONTIGO

     SOÑÉ NUNCA HABER SOÑADO QUE LOS SUEÑOS EXISTEN

       SOÑÉ NUNCA HABER ESCRITO LO ANTERIOR

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Amaneceres

I Amanece en lo profundo de mi memoria y canta, amanece claro en tus pupilas, amanece y palpita en la carótida, en la cara de mis viejos, en la cicatriz también amaneció, sin embargo la costra se ha extinguido y las cicatrices no son más que otra historia, una ya vieja, desencarnada, precisa en el abismo de los ayeres en los que el sol no llegó. II Desperté después de haber invocado una sonrisa y la hallé en el pedestal de los augurios. Númen exquisito aquellos ojos, tengo que tributarlos con un beso¿Cómo ignorar ya los amaneceres, si en noches ulteriores te soñé?  III Amenaza el día una nube pasada y un evento fortuito es este viento. Pasajera esa nube se transforma en una nube más de aquellos cielos en que crepita al sol con nuestra llama. IV Claudica la nube y llueve y llueve en el rostro del niño que juega a ser un ave o quizás un ángel Llueve en la avenida en que corriendo a prisa van las personas sobre su pueril sonrisa al llegar al siguiente arco Llueve tambi...

Acróstico del sueño

                         I   A dmiro los ojos que me habitan, D uermo, y sé que mi reposo te contiene. E n ti encuentro la dicha de vivir todas las vidas y L ibre me contemplo cuando te veo reír. I nstauro la certeza del amor cuando te miro T an dulce, diáfana y hermosa como númen. A ntes de vos, la vida era el borrón de algún autor sin manos.                         II S iempre que el tiempo tiende a apresurarme, U na voracidad me invade de dulzura y R etorno presto a tus ojitos niños, E sos que vos posees y me llenan de dicha, M ientras olvido todo en medio de tus risas.                      III S abía desde el principio que pronto...

Encierro

Nadas en el vacío Vacacionas en un baúl de recuerdos poco convencionales Y te preguntas del tiempo Del trabajo De los hijos Los amigos De pronto, el olor a café llama a tu puerta y trae atorado un montón de voces  que ensordecen tu angustia,  tu lívida voz de ataúd erguido,  parado entre la niebla. Resplandeces.  Recorres las calles de tu infancia en medio de plegarias de un eco abstracto, insostenible.  Soslayas ya tu sombra teñida de criterios y pifias medio rotas. Haz buscado la raíz de tus males con el ojo cerrado,  noctámbulo acreedor desencarnado, vestigio de onironauta encerrado en las fauces de un órgano plural. El om de los fantasmas sacude tu esperanza  y te corta los brazos para que reconozcas que estás a gusto ahí,  en la desesperante sensación de un yelmo aciago que no pronuncia más que una boca sin lengua. Gritas. Y es esa sensación laberintosa  la que te hace ser,  te hace sudar...