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De niebla y otras cuestiones


Para mis adentros más profundos, allí donde cabe también el sol más fraternal, el que asesina.


Hace cuántos pinos que no nos vemos. Hoy hace un buen invierno para despedirnos de las sombras, de la zozobra de las aves de paso, de la calidez de los perros callejeros.
Parece que aquí no pasara nada, pero no pasará nada porque el sempiterno invierno es el dios de la laguna, de la urbe meridional cuyo rastrojo se infecta poco a poco al cortarse con la polis. Y una bruma, un aliento excepcional es la sativa que perdona nuestra sangre.
Toda esta calma pesa, y cada vez me hago más fuerte, para verte, para clamar desde mi voz una caricia consciente de residuos orbitales. Se fuga mi palabra en versos y la tengo que seguir para declarar que existo.
Hoy hace un buen día para matarme a paso lento entre la niebla. Para renacer con ella en el alba también, para crecer dentro de ella y expandirme como una nebulosa, hasta agotar mi existencia.

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