El desconsuelo insoslayable de un brazo que se cae y una boca torcida, en desequilibrio verbal.
El grito artero de una mujer con sombrero, en medio de la calle.
Cien caricias corroídas por la presencia matinal del amor.
Una poca de madre y una puta de justicia,
de una justicia tan estirada que ya no ajusta.
La capa teñida de un matador ya muerto, en los cuernos del toro.
Asesinos de la carne y el deseo son los monstruos del pasado que aseguran que sus sombras son los párpados que te cuidan.
Errático el dominio de tu sonrisa dulce, si en tus entrañas duermen muertos aún no enterrados.
Fantasmas roedores causantes de la tiña y los besos frigios.
Palpable justeza del uno a uno en contra de la unión.
Ascético cuerpo que rechaza el misticismo voraz del plenilunio de octubre:
Mátame.
El grito artero de una mujer con sombrero, en medio de la calle.
Cien caricias corroídas por la presencia matinal del amor.
Una poca de madre y una puta de justicia,
de una justicia tan estirada que ya no ajusta.
La capa teñida de un matador ya muerto, en los cuernos del toro.
Asesinos de la carne y el deseo son los monstruos del pasado que aseguran que sus sombras son los párpados que te cuidan.
Errático el dominio de tu sonrisa dulce, si en tus entrañas duermen muertos aún no enterrados.
Fantasmas roedores causantes de la tiña y los besos frigios.
Palpable justeza del uno a uno en contra de la unión.
Ascético cuerpo que rechaza el misticismo voraz del plenilunio de octubre:
Mátame.
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