La meridional bienvenida a tu llegada, hace de nuestro encuentro primavera.
El viento que retorna a recibirte, es la palabra envuelta en mil encantos, por si vos llegases al tropiezo, un alud de armonías te levanten.
Árbol de raíces infinitas, el futuro es la tierra que te abraza, son las gotas de lluvia y el afluente, las caricias pausadas, estaciones fortuitas, que a tu boca libran del abrojo.
Es tu ombligo el bienestar de mi alma, pues de allí es donde surge nuestra historia.
Hijo. Madrigal de recuerdos, refugio insoslayable es tu sonrisa. Me brotas desde las plantas de los pies hasta el cielo que reflejan mis ojos. Pequeño pez que habitas en la grandilocuencia de mis sueños; a vos que nada ofreces sino todo lo das. En ti cree la hoja cuando asoma de la tierra; es tu voz el dogma de mis días y también el drama de mi historia. Bienvenido seas a mi presencia innata. Feliz seas desde ayer hasta mañana. Masyadti, Surem, Masyadti.
El viento que retorna a recibirte, es la palabra envuelta en mil encantos, por si vos llegases al tropiezo, un alud de armonías te levanten.
Árbol de raíces infinitas, el futuro es la tierra que te abraza, son las gotas de lluvia y el afluente, las caricias pausadas, estaciones fortuitas, que a tu boca libran del abrojo.
Es tu ombligo el bienestar de mi alma, pues de allí es donde surge nuestra historia.
Hijo. Madrigal de recuerdos, refugio insoslayable es tu sonrisa. Me brotas desde las plantas de los pies hasta el cielo que reflejan mis ojos. Pequeño pez que habitas en la grandilocuencia de mis sueños; a vos que nada ofreces sino todo lo das. En ti cree la hoja cuando asoma de la tierra; es tu voz el dogma de mis días y también el drama de mi historia. Bienvenido seas a mi presencia innata. Feliz seas desde ayer hasta mañana. Masyadti, Surem, Masyadti.
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