Soy el caballete de un siglo ya muerto
Tejí con mis colores una pausa
y en ella la ilusión de todo
lo nombrado
Aconteció el descuido
en la hebra más
mínima
donde fehaciente el párpado
escondió su temor
Proseguí en mi quebranto
y lancé la atarraya
a la mar de gaviotas
que picoteaban prístinas
una galaxia rota
Fue en el umbral
de lo imperecedero
donde sostuve a medias
mi mórbido descuido
Escurrió de mi cuerpo
la ausencia y sus colores
y el fluir continuaba
como si aquella pausa
fuera toda una vida

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