Resguardo el secreto de las horas más largas
en la perpetuidad roída del silencio.
Mascullo entre risas el encanto del ruido, sonido que se alarga entre mil voces
que mi mente esconde en el infinito bosque de máscaras y cardos,
oculto tras demonios y títeres de ajenjo que yacen resguardados detrás de mi palabra,
órgano que emula caprichos en el aire, bajo el gorgoteo de símbolos preciosos, oneroso fulgor palpando entre mi lengua, esperando salir como grito sin nombre, buscando en los canales un espejo,
un don, sólo las calles,
esperando encontrar otra risa fanal.
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